Mitsubishi Lancer Evolution VII & Subaru Impreza WRX Sti. Los carrera/cliente más despiadados.

Si nos ponemos a tomar como referentes a vehículos rápidos, con unas sensaciones notoriamente deportivas, que consagren buena química en todos los terrenos a pesar de los distintos factores, y que además sean funcionales y medianamente cómodos para circular por ciudad con nuestros hijos, ¿que os viene a la cabeza? La respuesta era obvia. Lancer Evolutión e Impreza WRX Sti. Dos de los coches más representativos en el mundo de la competición y que suponen algunas de las unidades más codiciadas a todos los niveles. Y es que mira que es difícil encontrar a alguien a quien no le gusten los Evos o los Imprezas.

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Estos modelos de perfecto comportamiento rutero y con unas sensaciones y un paso por curva de infarto, fueron concebidos gracias a que en su día para poder disputar el Campeonato del Mundo de Rallyes había que partir de un modelo de producción en serie. Fue de esta manera como también nacieron los famosos Ford Sierra y Escort Cosworth, el Lancia Delta Integrale o el Toyota Celica Turbo entre otros. Una vez convertidos en tesoros automovilísticos que se cotizan a precio de oro, todavía quedan marcas como Subaru o Mitsubishi que siguen regalándonos este tipo de vehículos a pesar de que a mediados de los años 90 la FIA creó una nueva normativa donde ya no eran necesaria la producción de las 2.500 unidades correspondientes para la posibilidad de inscripción. Por eso le debemos un gran homenaje a estas dos marcas japonesas, porque en el país del sol naciente tienen alma competitiva y aunque sea un cliché, les corre gasolina por las venas. Porque se dice que allí cada coche posee una alma propia y nunca muere su leyenda.

El concepto de estos vehículos además de reforzar la imagen como marca en ambas compañías, les ha proporcionado no solo un puesto seguro, si no una multitud de victorias en el mundo de la competición, más concretamente en el Grupo N. Tenemos a un veterano Subaru Impreza que con su segunda generación con motor Bóxer sobrealimentado y 265 cv de potencia, quizás llegaba en un mal momento al coincidir con el por entonces reciente lanzamiento del Evo VII. Este último se presentaba completamente renovado, desde el propio chasis hasta la última tecnología que trabajaba en su sistema de tracción. Durante esta etapa el  Lancer Evo evolucionó de tal manera que era complicado enfrentarse a el, incluso hablando de unidades que calzaban un propulsor con mayor número de cilindros.

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El aspecto en ambos, como siempre, seguía siendo un elemento muy destacable, quizás en esta ocasión el Evo dio un paso al frente para ofrecer una estética aún más agresiva y llamativa. Las aposiciones que intervenían su aerodinámica seguían en una línea protuberante. Grandes spoilers traseros, prominentes entradas de aire y detallados paragolpes que se fundían con las clásicas pero a su vez renovadas llantas al más puro estilo WRC. Cierto es que en sus apartados interiores precisamente nunca hicieron alardes de lujo ni ostentación, pero por otro lado, ¿quien quiere cuero, GPS o un notable equipo de sonido cuando va a bordo algo así? Pero como no todas las generaciones iban a ser iguales, hay que destacar que durante esta etapa la calidad de los materiales empezaba a ofrecer un mejor tacto, aunque no dejaban de ser espartanos como a lo largo de sus carreras. Por el contrario, aunque estos turismos careciesen de suntuosidades los japoneses si que pensaron en la comodidad de sus conductores. Los asientos del Subaru Impreza son espectaculares y más aún deben serlo los Recaro del Lancer Evo VII cuando te sientes completamente encajado en ellos.

Ambos turismos son los ideales carrera/cliente, perfectamente trabajados para ofrecer una excelente dinámica rutera y unas sensaciones lo más parecidas a un World Rally Car.

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Como resaltaba anteriormente, aunque el Evo VII significó una gran novedad y avance tecnológico en su dinámica y otros muchos aspectos, la base de su mecánica permanecía prácticamente impasible en esta generación. Y es que ya lo digo muchas veces, si algo funciona ¿porqué cambiarlo? Pero a pesar de seguir la estela de una década, el 2.0 litros de 4 cilindros en línea también albergaba alguna que otra sorpresa. Además de incorporar un nuevo turbocompresor y un renovado sistema de escape, se optimizo toda la gestión de alimentación.

El Lancer Evo y el Impreza son dos turismos del segmento C con una tracción integral de otro mundo. Quizás los sedanes más radicales que hemos podido contemplar.

Por otro lado el Subaru Impreza también incorporaba una mecánica de cuatro cilindros pero en configuración Bóxer, que además llegó a ofrecer 2.5 litros. Las ventajas del motor del Subaru frente al del Evo son entre otras un centro de gravedad más bajo que colabora a su vez en un mejor reparto de pesos por su posición longitudinal más retrasada. Originalmente concebido a través de su mecánica inicial de 218 cv, su versión más prolifera de 265 cv se consiguió a través de un intercooler de mayores dimensiones que refrigeraba mediante pulverizaciones de agua, sistema que por cierto también se aplicaba en el Evo. Además el Subaru pasó a incorporar una nueva transmisión de seis velocidades, detalle que le permitía explotar al máximo su potencia final, mientras que el Mitsubishi se aferraba a la clásica de cinco relaciones, quizás porque la reglamentación del Grupo N limitaba el número de velocidades. Basándonos en el uso de una transmisión de cinco velocidades, en un motor inquieto como el del Lancer Evolution que parte de una relación cerrada, la 5ª velocidad se situaba algo descolgada, básicamente para el desarrollo de toda la mecánica en los tramos de mayor velocidad. Después de este tipo de discordia, si es que se le puede llamar así, la marca de los tres diamantes ya estaba maquinando un as en la manga. Su versión Lancer Evolution RS que iba destinada para el uso exclusivo de la competición, incorporaba una relación mucho más cerrada y en opción un grupo final largo.

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Con un sistema de frenos que rinde a la perfección y soporta la fatiga incluso llevándolos al extremo, los años no pasan ni por la estética ni por la tecnología de estos prodigios nipones.

Analizando las entrañas del Subaru para descubrir el secreto de su dinámica, podemos ver un diferencial central viscoso a la vez que en sus ejes, delantero y posterior, incorpora dos diferenciales mecánicos de discos a los que la marca denomina Suretrac. En este sentido el Evolution dio una vez más un paso adelante, depositando su confianza en un diferencial de tipo Torsen para su eje delantero y activos en la parte central y la trasera. El apartado de frenos en ambas unidades estaba aprobado con sobresaliente. Los dos nipones montan pinzas Brembo de cuatro pistones en el eje delantero y de dos en el trasero en conjunción con un sistema ABS tarado específicamente para desarrollar toda la eficiencia posible durante un uso deportivo. Aunque en el Subaru los discos sean inapreciablemente más grandes, en los dos modelos son autoventilados y prácticamente pueden ofrecen el mismo nivel de rendimiento.

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En definitiva, este es un capítulo muy complicado de cerrar ya que nuestros protagonistas no dejan de ofrecernos virtudes y emociones a raudales, por lo que podríamos extendernos infinidad de líneas alabando y babeando sobre todo su conjunto, pero lo que en realidad quiero transmitir es algo mucho más sencillo, y es recordar lo especiales que son este tipo de coches sin necesidad de que estén ligados a un segmento premium o de hacer alarde de lujo u ostentosidades. Sus motores, más en concreto el del Evo, arrojan unas cifras muy considerables a bajas revoluciones a pesar de su condición de sobrealimentados y quizás el Subaru se muestra más perezoso en ese aspecto hasta que a partir de las 3.500 vueltas comienza a soplar su turbocompresor. Por otro lado no podemos olvidar que estas dos fieras son vehículos que sacrifican ciertos aspectos que luego se manifiestan en carencias, como por ejemplo su insonorización, unas suspensiones demasiado duras o unos relativamente escasos depósitos de combustible en relación a sus desorbitados consumos. Pero como buenamente sabemos, la magia de estos coches parte de otros principios que muy logradamente maquillan todas esas carencias.

La conclusión es que aunque el Evo VII supere tanto en prestaciones como en comportamiento dinámico al Impreza WRX STI, debemos romper una lanza a favor de este, ya que justo apareció en el mercado a la vez que un completamente renovado Lancer Evolutión que le supuso un gran handicap. Aún así no influyó de forma negativa en su éxito ya que la fama y demanda del modelo a día de hoy siguen creciendo exponencialemente. Ajustadísimo a pesar de todo.

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