Renault Fuego. El soñado de los 80.

 

Todos tenemos un hueco especial en nuestra mente para ciertos recuerdos, para aquellas pequeñas cosas o sensaciones que nos marcaron y llamaron nuestra atención de forma especial en un momento determinado de nuestra vida despuntando por encima del resto y por eso ocuparon ese lugar especial e indefinido de nuestra mente. El Renault Fuego tiene una plaza asegurada, no solo en mis buenos recuerdos, si no también en lo que sería mi parking automovilístico ideal.

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Aunque la marca del rombo nunca hacía demasiada apología de ello, el Renault Fuego se consideraba una versión radical del Renault 18. Compartiendo chasis y su interior con el susodicho, el Fuego vio la luz por primera vez en a comienzos de los años 80 para sustituir a los veteranos 15 y 17. A diferencia de sus predecesores, el Fuego si llegaría a comercializarse en España a partir del año 81, llegando incluso al mercado de los Estados Unidos. En su época, el Fuego fue concebido para un público que ciertamente buscaba un deportivo polivalente y accesible sin necesidad de llegar a la sofisticación y radicalidad de los Alpine. En los años 80 Renault adoptó la tendencia de reflejar el espíritu de la competición en sus nuevos lanzamientos, y el Renault Fuego es buena prueba de ello. Sin ser un conjunto de carácter tan extremo como otros de sus equivalentes ya que no era su objetivo, la principales características del nuevo coupé francés de cuatro plazas eran los nuevos resultados técnicos y de diseño.

Como sustituto natural de los exclusivos Renault 15 y 17 que nunca se ofrecieron en nuestro país, el Renault Fuego si gozó de un hueco en nuestro mercado causando un gran impacto en el sector gracias a su precioso diseño y a unas mecánicas competentes que partían de generosas cilindradas para la época.

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Durante el desarrollo del Renault Fuego se tuvieron en cuenta aspectos en los que en conjuntos de este tipo no se tenían, como el espacio. Además de una visibilidad interior excelente gracias a sus grandes superficies acristaladas, con sus 4,36 metros de largo el Fuego ofrecía cuatro plazas perfectamente practicables a mayores de un pudiente maletero para el equipaje de estos, adaptando incluso algunos huecos practicables bajo la zona de carga. Pocos deportivos de la época por no decir ninguno (e incluso actuales) disponían de la capacidad tanto a lo largo como a lo ancho del Renault Fuego. Tengamos en cuenta que un Mercedes Clase C Coupe actual ofrece 4,68 metros de largo. Apenas 30 centímetros más que nuestro protagonista. Además de su lograda carrocería en cuanto a atractivo se refiere, desde París fusionaron ese carácter coupé con la funcionalidad y la dinámica, logrando un coeficiente de penetración de 0,35 Cx. Una cifra verdaderamente lograda para un proyecto de estas características en aquellos años.

El concepto del Fuego era el de un deportivo domesticado repleto de confort apto para todos los públicos. Su estética moderna y atractiva enamoraba a primera vista y su funcionalidad era una de sus principales cualidades.

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El confort general era exquisito y suponía la mejor baza del nuevo coupé que partía de una suavidad en suspensión, en la dirección y en los típicos asientos de “pétalo” que incorporaba la marca en la mayoría de sus modelos de entonces, que pocos ofrecían en la época. Ni siquiera en las marcas más reconocidas. Su mecánica de 2.0 litros en la versión GTX alcanzaba sin demasiado esfuerzo los 190Km/h a su vez que las recuperaciones también aprobaban con nota, pero quizás en esta versión los usuarios más inquietos al volante echaban en falta el nervio de motores más apretados o turboalimentados de la época. Su 2.0 litros mantenía una buena respuesta, de tacto agradable en conjunto rodando por encima de las 4.000 vueltas, además todas las versiones del modelo incorporaban cambio de 5 velocidades con un escalonamiento perfectamente adecuado a su mecánica.

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Con un conjunto capaz de circular a velocidades elevadas de crucero de 170Km/h sin provocar ningún tipo de sobresalto a su conductor, el Fuego era un coupé válido a partes iguales para autopistas como para carreteras secundarias con tramos revirados. Si hay que achacar algo al modelo eran sus excesivas vibraciones en el equipo de frenos que se transmitían también directamente a su salpicadero. En su versión Turbo, que no llegó a comercializarse en España, el propulsor de cuatro cilindros inclinados 15º, paso a adoptar unos generosos 2.2 litros, rindiendo 132cv de potencia alimentados por un carburador de doble cuerpo Solex 34.

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Con unas líneas muy refinadas conseguidas a base de un gran trabajo aerodinámico y parte de los genes del Renault 18, el Fuego se convirtió en uno de los deportivos europeos deseados en la década de los 80 y aunque en sus días se ofrecía a un precio bastante razonable y salieron numerosas unidades de la planta de Douai en Francia, las malas manos y los años han hecho desaparecer prácticamente la mayoría de unidades del coupé francés por excelencia. Difícil es cruzarse con alguno por nuestras calles, e indudablemente si lo hacemos, de seguro que nos paramos a hacerle un par de fotos y a asomarnos a través de sus ventanillas para transportarnos a otro tiempo.

Su versión Turbo no llegó al mercado español, ofrecía unos generosos 132cv en su bloque Sierra Cléon-Fonte inclinado 15º.

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Curiosamente Renault decidió incorporar a la gama de su deportivo de moda una versión impulsada por un motor diésel sobrealimentado. Se trataba del 2.0 litros que tanto éxito y entusiastas estaba acumulando en el Renault 18 GTD debido a sus más que reducidos consumos y satisfactorias prestaciones. Ofrecía 88cv de potencia alimentados por bomba mecánica y la versión se diferenciaba fácilmente por su capó abultado debido al tamaño del motor, característica que también estuvo presente en los Seat 131 que incorporaban el gran motor diésel de 2.5 litros firmado por Sofim a partir del año 81. En los modelos anteriores esa peculiaridad no era necesaria con los antiguos motores Perkins o Sava.

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